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LA PROVISIÓN DE SABIDURÍA.

Reflexión basada en: Efesios. 1:8-10
que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia

En una de sus cartas, Pablo mencionó que nosotros, los creyentes, tenemos la
mente de Cristo. Todo cristiano debe vivir dependiendo de esta realidad de una manera práctica y constante.

Ahora, la sabiduría de Dios está en nosotros por medio de Cristo (Col.2:3; 1Cor.1:24,30). Cristo es nuestra provisión de sabiduría, sin él es imposible practicar y canalizar la sabiduría verdadera. Si aún no lo tienes ¿Qué esperas para recibirlo como Señor y Salvador?

PROPIEDADES ÚNICAS DE LA SABIDURÍA SEGÚN PROVERBIOS 1.

  • Nos otorga razón y prudencia. v.1,2
  • Nos hace crecer en justicia, juicio y equidad. v.3
  • Nos vuelve sagaces, inteligentes y cuerdos. v.4
  • Nos ofrece sensibilidad para oír. v.5
  • Nos da comprensión de la profundidad de las cosas. v.6
  • Nos acerca más al corazón de Dios. v.7
  • Nos aleja de la insensatez. v.7b

La sabiduría, además de mantener una vida agradable a Dios nos ayuda a vivir de mejor manera en este mundo, convivir bien con nuestros semejantes y ayudarles en su andar diario como en su vida espiritual.

TOMANDO DECISIONES CORRECTAS

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Querida hermana, te doy la bienvenida  a  éste   tema, contándote una historia real. Se trata de una creyente en Cristo como tú, a la que llamaremos  “Ana”.


     Ana, una fiel creyente en el Señor, estaba cansada de trabajar tanto y ganar poco; el servicio de limpieza que hacía en las casas le dejaba apenas para lo necesario. Así que estaba decidida en encontrar un  empleo en una empresa donde ganara más, aunque le absorbiera casi todo su tiempo. Parece que todo  iba muy bien, la contrataron y aunque fue difícil al principio, ella fue muy capaz de realizar su trabajo, y el dinero era mucho más de lo que ganaba limpiando casas. Fue tan bueno su desempeño que la ascendieron pronto de puesto  y el dinero ahora era tres veces más de lo que ganaba al principio. Y llegó a ser la encargada de la tienda. El trabajo era arduo, trabajaba 8 horas seguidas. A veces sin tiempo para comer y no solo eso, si algún empleado no se presentaba ella tenía que cubrir el turno de aquel. En ocasiones hacia hasta ¡tres turnos seguidos!. Pero eso no era lo peor, lo peor era que no podía  asistir a la iglesia; y cuando asistía estaba tan cansada que no podía poner atención, muchas veces tenía que salir  corriendo del culto. Ella me decía: “Hermana, ore por mí. Me siento mal porque le estoy fallando a Dios”, mis palabras fueron: “Hermana, Usted tiene que tomar  decisiones”.  Pasaron los años, hasta que un día se sintió muy mal de salud, nuestra querida hermana estaba muy enferma y no se había dado cuenta. Tuvo que dejar  el trabajo  porque el estrés, no comer a sus horas, etc. Le habían provocado varias enfermedades, hoy se está recuperando y a veces llora y expresa: “Cuantas bendiciones  me he  perdido por estar  lejos del Señor”. ¿Tomó Ana la decisión correcta al  aceptar  el nuevo empleo? ¿Dónde estuvo el error? ¿Qué preguntas debía haberse hecho antes?. Todas las mujeres enfrentamos innumerables decisiones en nuestra vida,  algunas tienen poca importancia como: Decidir qué color de ropa usar hoy, que preparar para   la comida, que tipo de zapatos comprarnos, etc. Pero otras  tienen consecuencias para toda nuestra vida y  muchas veces nos causan  preocupación. A Dios le importan  nuestras decisiones, Él está presente, no se esconde cuando usted anhela conocer su voluntad con sinceridad. Cuánto más intensamente se acerque al corazón de Dios, más fácil le será conocer su voluntad.

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.” Salmo 40.8

    Creo que tenemos una buena pregunta para hacernos antes de tomar cualquier decisión: ¿Deseo agradarme a mí mismo o agradar a Dios con esta decisión?. Nuestras decisiones reciben la bendición Divina cuando estamos dispuestos a  obedecer a Dios. Es decir, hacer su voluntad y no la nuestra. Jesús dijo “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 5.10). Él nos estaba dando ejemplo de la verdadera sumisión a la voluntad de su Padre, porque él sabía que a fin de cuentas ésta era la  mejor.

La ayuda de Dios para nuestras decisiones.

  Dios  desea revelarle su voluntad de forma personal, como lo hizo con Pablo cuando  Ananías le dijo éstas palabras: “El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas  al Justo, y oigas la voz de su boca” (Hechos 22:14). Él revela su voluntad a través de  su Espíritu Santo: “Pero cuando venga el Espíritu  Santo, él os guiará a toda la verdad” (Jn.16:13); y  a través de su Palabra: “Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino”. (Salmo 19:105). Recordemos entonces que las decisiones que agradan a Dios son las que él bendice, como:

  • Las decisiones que él comienza.
    “Por el camino de la sabiduría te he encaminado , y por veredas derechas te he hecho andar.” (Pr.4:11)
  • Las que están en sintonía con su palabra. “Ordena mis pasos con tu Palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.” (Sal. 119:133)
  • Las que logran su propósito.
    “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Fil.2:13)
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