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PERFIL ESPIRITUAL DE UN LÍDER CRISTIANO


"Un líder cristiano exitoso pero ensoberbecido,
es en realidad un líder fracasado

Pastor: Fulgencio Pech Jiménez
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¿Cuál podría ser la definición de un líder? Un líder es una persona que actúa como guía o jefe de un grupo. Para que su liderazgo sea efectivo, el resto de los integrantes deben reconocer sus capacidades.

El líder tiene la facultad de influir en otros sujetos. Su conducta o sus palabras logran incentivar a los miembros del grupo para que trabajen en conjunto por un objetivo común.

No a todos les gusta la palabra “Líder” para referirse a un guía espiritual o a un servidor dentro de la iglesia. Algunos prefieren la palabra “Siervo” o “Servidor”. Sin embargo, la palabra “líder”, es más comprensible en nuestro entorno. Así que, hablaremos de las cualidades espirituales que debe tener un guía o servidor dentro de la iglesia, pero el mensaje tiene por título: “El perfil espiritual de un líder cristiano”.

Si quisiera hablar simplemente del perfil de un líder podría decir que el líder debe ser:

  • Optimista, para contagiar entusiasmo.
  • Hábil, Para desenvolverse, como un pez en el agua, en medio de cualquier situación.
  • Convincente, para conseguir que las personas piensen o actúen de una manera diferente a la que inicialmente lo hacían.
  • Creativo, para aportar nuevas ideas que ayuden a alcanzar más cantidad y calidad de resultados.
  • Perseverante, para no desanimarse ante algún fracaso, error o carencia.
    Intrépido, para no amedrentarse ante los desafíos.

¿Quién no quisiera tener un líder con esas cualidades?

Sin embargo, cuando se trata de un líder espiritual, este necesita un carácter con cualidades mucho más sublimes. Y ya que muchos tenemos el gran privilegio de servir a nuestros hermanos con algún nombramiento o sin él, meditemos en “El perfil espiritual de un líder cristiano”.

I. Salvación Evidente:

El líder cristiano no solamente debe confesar que es salvo, también debe demostrarlo:

ESTRATEGIAS MISIONERAS EN LA BIBLIA. I

Proverbios 23.7 nos dice que “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” Jesús dijo que “el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; …porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc. 6.45). Pablo bajo inspiración dejó muy claro que “con el corazón se cree para justicia” (Ro. 10.10) y afirmó: “cada uno dé como propuso en su corazón” (2 Co. 9.7). Es decir, la Biblia nos muestra que nuestro corazón determina nuestra salvación, nuestro carácter, nuestro mensaje y nuestras acciones.


   Cuando entramos al campo de las misiones es igual: Nuestra teología determina nuestra praxis. Si entendemos que la Misión se originó en Dios, que la Meta de la Misión es Dios, y que el Medio de la Misión también es Dios, nuestro actuar será teocéntrico y sujeto a Su Palabra. No todos los que se llaman cristianos sostienen lo dicho anteriormente. Por ejemplo, considere la siguiente cita:

“…es necesario ir más allá y escribir sobre el significado de la misión para nuestra propia era, tomando en cuenta que el tiempo presente es fundamentalmente diferente de las épocas en que Mateo, Lucas y Pablo escribieron sus Evangelios y Epístolas a la primera y segunda generación de cristianos. Las profundas diferencias entre aquella época y la nuestra implican que no es suficiente apelar de manera directa a las palabras de los autores bíblicos para aplicarlas una por una a nuestra situación. Debemos, más bien, con liberad creativa pero responsable, prolongar la lógica del ministerio de Jesús y de la Iglesia primitiva de una manera imaginativa y creativa a nuestra propia era y a nuestro contexto1 . (énfasis del autor).

   De modo que en estos días de auge misionero, como bautistas que sostenemos que la Biblia es nuestra regla de fe y práctica, debemos reafirmarnos en basar nuestra acción misionera en la Palabra de Dios. Por ello, consideraremos la estrategia misionera de Jesús, la estrategia bajo la cual Dios guió al apóstol Pablo, y la estrategia divina reflejada en el apóstol Juan.

Estrategia Misionera de Jesús.

 

En el Antiguo Testamento.

  1. Es muy claro en las Escrituras que la Trinidad en pleno ha estado activa desde Génesis 1.1; creando, ordenando y tratando con el hombre. Gn. 1.2, 26-27; Job. 26.13; Col. 1.16; Jn. 1.3; He. 1.8-10.
  2. Cada vez que en el A.T. alguien vio a Dios, en verdad vio a Jesús hecho visible o materializado. Jn.1.18; 1 Ti. 6.16.
  3. Por ejemplo, ¿Quién se apareció a Abraham, a Jacob y a Moisés? Ex. 3.1-10; Jue. 2.1-2.
  4. Jesús Pre-encarnado, como el Ángel de Jehová o materializado como hombre, participó activamente en la Misión, revelando a los hombres la Persona y las obras de Dios con el fin de traerlos a la comunión con Él.
  5. Si Adán vio una Teofanía, era Jesús Pre-encarnado tratando de guiarle al arrepentimiento inmediatamente después de la Caída. Gn. 3.8-21; 16.6-14; 18; 22.11-18; 32.22-30; 35.9- 13; Jos. 5.13-15; Jue. 13.2-23; 2 R. 19.34-35.

En el Nuevo Testamento.

  1. Algunos visualizan así la relación entre Dios y su creación: (Todos de la misma esencia, pero disminuyendo en su calidad)

    Dios----espíritus----hombre----mujer---- animales----plantas----cosas.
  2. Otros no llegarían tan lejos, pero piensan que el hombre es en naturaleza como Dios, sólo que en menor potencia. Inclusive los Mormones piensan que el hombre puede ascender hasta llegar a ser como Dios, porque Dios fue hombre como nosotros.
  3. Bíblicamente entendemos la relación entre Dios y su creación, de la siguiente Manera:

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  4. Es decir, ni los ángeles ni los hombres  tenemos la naturaleza divina; somos criaturas con semejanza ética, pero no igualdad ontológica.  No seremos Dios, no seremos parte de la Trinidad, ni seremos dioses con poderes menores; seremos criaturas glorificadas, pero siempre criaturas.
  5. 2 Pedro 1.4 dice que Dios nos ha dado promesas para “llegar a ser participantes de la naturaleza divina”. El hombre en sí mismo no participa de la naturaleza divina; Pero quienes en arrepentimiento hemos puesto nuestra fe en Cristo sí participamos de obras divinas que afectan radicalmente nuestro ser: El nuevo nacimiento3, la morada del Espíritu Santo, la futura glorificación y perfecta santificación.4
  6. Cristo es el único que ha cruzado esa inquebrantable división ontológica entre el Creador y Su creación: Cuando al encarnarse tomó naturaleza humana sin perder Su naturaleza divina.  Él ha unido en una sola Persona las dos naturalezas.  Jn. 1.1, 14; Col. 2.9; Ap. 2.8.5

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  7. Cristo no sólo se identificó con la raza humana caída, sino que se hizo parte de ella… pero sin pecado. He. 2.14; 4.14-15; 1 Ti. 2.5.

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