Jesús frente al judaísmo de su época

Los cristianos poco conocemos acerca del judaísmo de la época neo testamentaria.  Aplicamos el término “fariseo” como sinónimo de “hipócrita” o “falso” llegando al punto de considerarlo una ofensa. Lo cierto es que el judaísmo “ortodoxo” y más conservador de la época de Jesús era el judaísmo fariseo, basado en la Torah escrita (Tanah – Libros correspondientes al Antiguo Testamento) y la Torah oral (lo que hoy podríamos llamar Talmud). Eran los fariseos los que buscaban la pureza en el ejercicio de los mandamientos de Dios, y eran muy reverentes al culto judaico más que ningún otro tipo de creyente judío.

Según Flavio Josefo, los Perushim (fariseos) eran un grupo de judíos ascetas en cuanto al estilo de vida, preocupados por aparecer como rigoristas en lo tocante a la Torah. Poseían un cuerpo adicional de interpretaciones y tradiciones, y las prácticas religiosas se llevaban a cabo de conformidad con su propia interpretación. [1]

El problema no fue en realidad sus prácticas piadosas sino la hipocresía y la exaltación de las interpretaciones rabínicas posteriores al considerarlas como Palabra de Dios, igual que la Ley escrita de Moisés. Después de la diáspora babilónica (S. V a.C.), surge una nueva filosofía en el judaísmo de la época, la cual establecía que Dios había entregado a Moisés una Torah escrita y otra Torah oral, siendo preservado este pensamiento hasta la época del Segundo Templo por los fariseos,  los cuales fueron los antepasados del movimiento rabínico de hoy, acerca del valor divino de la Torah oral. [2]

Luego de la destrucción del Segundo Templo (70 d.C.), la secta ortodoxa se fortaleció más que las otras corrientes religiosas judaicas tanto que las otras quedaron marginadas. [3]

Entonces, podemos establecer un punto de conexión entre el judaísmo ortodoxo actual y el fariseísmo de la época de Jesús. Para entender, cuán importante era para los fariseos antiguos la Ley Oral, es necesario ver en los judíos ortodoxos modernos sus opiniones.

Nicholas De Lange escribe:

Para el judaísmo ortodoxo de hoy, la Torá (todas las enseñanzas de la Biblia y del Talmud, la literatura canónica posterior y, en especial, las prácticas codificadas en el Shulján Aruj y otros escritos halájicos) es revelación divina e inmutable. Este enfoque deja poco lugar a una crítica bíblica libre de prejuicios i a los análisis históricos del Talmud.” [4]

Dan Cohn-Sherbok escribe acerca del judaísmo ortodoxo:

Torá es la palabra hebrea para “Ley”. En el judaísmo se usa para nombrar el Pentateuco, pero, en un sentido más amplio, también se hace referencia a la totalidad de la Ley Oral y Escrita e incluso a todo el modo de vida judío. La Torá cubre cada detalle de la vida – la comida permitida, la ropa apropiada, la conducta hacia los amigos judíos, la conducta en los asuntos humanos, el papel de las mujeres, las obligaciones de los padres y de los hijos, las festividades que hay que celebrar y los ayunos que hay que observar.”.[5]

Luego agrega:

En conjunto hay 613 mandamientos en el Pentateuco, que se explican e interpretan en ese gran tesoro que es la Ley Oral, incluso más adelante se siguió codificando este gran elenco de leyes. Los ortodoxos estrictos consideran que toda la Torá, la Escrita, la Oral y los Códigos [de leyes halájicos], constituye la Palabra de Dios, y es lo que diferencia a los judíos de otras naciones. ” [6]

Lawrence E. Sullivan escribe:

Existen diferentes visiones de la Torá, el texto que expresa la voluntad de Dios para el pueblo judío. Según una de ellas, se trata de una tradición transmitida ininterrumpidamente de Moisés a Josué, a los ancianos y a los profetas judíos, a jefes como a Esdras y Nehemías, de la mitad del siglo V a. C., para llegar hasta los primeros rabinos mencionados en el Talmud. ” [7]

R. Baruj Garzón escribe:

Son considerados judíos ortodoxos, desde entonces y hasta hoy, aquellos que aceptan la Torá como fuente de inspiración de su religiosidad y su conducta, tanto la Torá escrita es decir los veinticuatro libros de la Biblia hebrea, como la Torá oral, es decir el Talmud, el Shuljan Aruj y otros escritos rabínicos incluidas las obras de maestros contemporáneos reconocidos. Tanto la Torá Escrita, como la Oral se consideran igualmente inspiradas por Dios. El código de conducta que de ellos se deduce recibe el nombre de Halajá, del verbo haloj, una palabra hebrea que sugiere la idea de camino y progreso constante.” [8]

La alta estima que los Perushim tenían de la Torah oral al considerarla Palabra de Dios al igual que la Torah escrita fue el punto principal en las enseñanzas judías durante la época inter y neotestamentaria.

La palabra Parush (Fariseo) deriva del hebreo Parush  que significa separado y denota una connotación negativa al referirse a ellos como “separados de la comunidad”. Ellos llamaban a sus maestros “sabios” y se catalogaban a sí mismo como “discípulos de los sabios”. Sin embargo, toman voluntariamente el nombre parush de manera positiva para ser visto como “separados de la comunidad para ser santos como su Dios”. [9]

Es de notar que NO todos los fariseos eran hipócritas y mentirosos. Las acusaciones de Jesús contra los fariseos registrada en Mt. 23 no es para todos los perushim sino para los que él específicamente consideraba falsos e hipócritas.
Harold L. Willmington registra al respecto:

“La Jewish Encyclopedia señala siete tipos de fariseos:

  • Los que hacían ostentación de sus buenas obras delante de los demás como si llevaran distintivos en el hombro.
  • Aquellos que pedían a cualquiera que les acompañara y que les esperaran un poco mientras hacían una buena obra.
  • Los ciegos que se golpeaban contra los muros por cerrar los ojos para evitar mirar a las mujeres.
  • Aquellos que caminaban con la cabeza agachada para evitar las malas tentaciones.
  • Los que dedicaban tiempo en contar sus buenas obras para ver si ya habían superado sus fallos.
  • El temeroso de Dios, que a semejanza de Job ERA REALMENTE JUSTO.
  • El fariseo que como Abraham AMABA REALMENTE A DIOS.” [10]

Como hemos visto, el fariseísmo, además, tenía en el grado más alto los dichos de los sabios (Torah Oral) al igual que la Torá escrita. El apóstol más reconocido del primer siglo, Saulo de Tarso quien adoptara el nombre de Pablo, seguía esta corriente religiosa, la más estricta del judaísmo antes de ser cristiano; y reconoce que las tradiciones de los padres (o enseñanzas rabínicas de la Torah Oral) eran practicadas fielmente por él. Según su propio testimonio estudió a los pies del Rabino Gamliel (descendiente del Rabino Hillel) la ley de sus padres (Hch. 22:3). Apelando a la ley de nuestros padres, él indica que recibió al pie de la letra las instrucciones de las Torah Oral. En Hch. 28:17 dice ante los judíos de Roma que las acusaciones de ir contra las costumbres de nuestros padres (Torah Oral) eran mentira. En Gal. 1:14, Pablo menciona su celo de la Torah Oral argumentando que aventajaba a muchos de sus contemporáneos.

Nuestro Señor Jesús no tenía muy fácil la tarea de cambiar la mentalidad de los judíos de la época. Existe en el judaísmo una rama conocida como Caraísmo. El Caraísmo enseña que sólo la Ley Escrita es palabra de Dios y no basa su fundamento religioso en los dichos o comentarios de los  sabios judíos (postulados en la Torah Oral). [11]

Sin embargo, el Caraísmo no ha tenido tanta fuerza como el judaísmo ortodoxo. Jesús más que apelar a los comentarios rabínicos y tradiciones judaicas, apeló a la lectura original del Pentateuco sin adiciones (al igual que los caraítas) aunque en algún momento de su vida, durante sus discursos haría mención indirecta de algunos mishnayot[12] o proverbios rabínicos que eran conocidos por los judíos.

Fue en ese contexto religioso, en el que los judíos respetaban tanto las enseñanzas de la Torah Escrita (Pentateuco) como las de la Torah oral (enseñanzas de los sabios rabinos), que nuestro Señor apareció para decir su segundo sermón público registrado en Mt. 5-7.

Fue a esos religiosos ortodoxos de las enseñanzas de Moisés (el más grande de los maestros rabínicos), interpretadas por los sabios antiguos de Israel, y que se habían desviado de la práctica piadosa sincera, que Jesús les dijo:

“Oísteis que fue dicho por[13] los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero YO os digo…” (Mt. 5:21)

“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero YO os digo…” (Mt. 5:27)

“También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero YO os digo…” (Mt. 5:31)

“Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero YO os digo…” (Mt. 5:33)

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero YO os digo…” (Mt. 5:38)

Jesús NO estaba corrigiendo la Ley Escrita (Pentateuco), de la que afirmó que NUNCA pasaría la vigencia (Mt. 5:17-20), sino que estaba corrigiendo las enseñanzas rabínicas, la Torah Oral, la interpretación que los sabios judíos daban de la Torah Escrita. [14]

Matthew Henry comenta:

Los maestros judíos habían enseñado que nada, salvo el homicidio, era prohibido por el sexto mandamiento. Así, eliminaban su significado espiritual. Cristo mostró el significado completo de este mandamiento; conforme al cual debemos ser juzgados en el más allá y, por tanto, debiera ser obedecido ahora. Toda ira precipitada es homicidio en el corazón.” [15]

En ese mismo sentido de interpretación rabínica, Jesús reinterpreta al pueblo la enseñanza talmúdica concerniente al Shabbat (Mr. 2:1-12, 23-28), los ritos de purificación (Mr. 7:1-4) o el divorcio (Mr. 10:10:1-12).

Rabenu Yahushua (nuestro Maestro Jesús) no sólo reta a los guardianes de la Ley Oral en su época (los perushim) reinterpretando los textos de la Torah Escrita, dándole un sentido más humano y misericordioso, examinando tanto lo externo como lo interno, sino que también acusa a aquellos maestros que vivían de manera hipócrita, sólo basándose en el formalismo.

Según las interpretaciones rabínicas los judíos debían llevar unas cajitas de cuero, llamadas tefilim (en Mt. 23 le llaman filacterias) atadas sobre la frente y el brazo izquierdo, cerca al corazón, para cumplir  literalmente con lo dicho en Dt. 6:8. Estas cajitas de cuero contenían algunos pasajes escritos del Pentateuco tales como Ex. 13:1-10, Dt. 6:4-9, 11:13-21[16]. Todo judío observante de la Torah Escrita y de la Torah Oral debía cumplirlo, nuestro Maestro también lo cumplió, sin embargo algunos fariseos, los llamados “hipócritas”, usaban los tefilim más grande de lo normal, para ser vistos por todos y el Señor acusó esto (Mt. 23:5).

Según la Ley Oral que interpretaba el pasaje de Números 15:37-39, los judíos debían llevar unas borlas en sus vestidos que ellos llamaban en su lengua tzitzit, y nuestro Señor no sólo lo llevaba en su manto, sino que hasta sanaba a la gente  con tal sólo tocar algunas de sus tzitzit (Mt. 20:9). Sin embargo, los perushim llamados hipócritas llevaban unos tzitzit demasiado largos con la intensión de ser vistos por todos como hombres muy observantes de la Ley, y Jesús acusó esto (Mt. 23:5).

La reinterpretación de la Ley Escrita y la acusación de los actos hipócritas de algunos maestros perushim llevó a estos observantes rigurosos a condenar a la muerte al Maestro. Era de sabido para Jesús que no sería nada fácil esta tarea. Nuevamente es de recalcar que no todos los perushim eran así, Nicodemo (Jn. 3:1) y José de Arimatea (Lc. 23:50) eran testimonio de ello.

Durante la primera época de la Iglesia Cristiana muchos perushim se convirtieron al cristianismo, y sus interpretaciones

llevaron a una asamblea en Jerusalem (Hch. 15:5-6).

El problema posterior de muchos  de los fariseos, fue darle a sus interpretaciones el mismo valor que la Palabra Escrita de Dios. Jesús al reinterpretar y corregir estos errores, no tan sólo demostraba la mayor autoridad rabínica que tenía para enseñar, sino que también reflejaba su sabiduría eterna. Aunque actualmente el término “fariseo” para muchos cristianos es una “ofensa”, para los judíos de la época de Jesús era un título honorífico de hombres separados y piadosos y es necesario aprender mucho de ellos, tanto de sus virtudes para ponerlas en práctica como de sus errores para no cometerlos. Véase que Jesús acusó la hipocresía en la observancia de la Ley Divina, pero nunca las práctica piadosas de los fariseos (Mt. 23:3). Jesús realmente cumplió una tarea difícil al reinterpretar muchas de la teología judía de su época, pero su legado ha llegado hasta nosotros.
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[1] Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, 18:12-17
[2] Harold L. Willmington, Auxiliar Bíblico Portavoz, pg. 369 – Editorial Portavoz
[3] Mathieu Collin – Pierre Lenhardt, El evangelio y tradición de Israel, pg. 3
[4] Nicholas De Lange, El judaísmo, pg. 81 – Ediciones Akal, S.A. 2011
[5] Dan Cohn-Sherbok, Judaísmo, pg. 77 – Ediciones Akal, S.A. 2001
[6] Ibid, pg. 80
[7] Lawrence E. Sullivan, La tradición religiosa del judaísmo, pg. 30 – Editorial Nerea, S.A. 2007
[8] Uriel Macías Kapón, El judaísmo, uno y diverso, pg. 222 -
[9] Mathieu Collin – Pierre Lenhardt, El evangelio y tradición de Israel, pg. 8
[10] Harold L. Wilkmington, Auxiliar Bíblico Portavoz, pg. 369 – Editorial Portavoz (Énfasis míos).
[11] Con Torah Oral nos referimos entonces a los comentarios y tradiciones que los sabios judíos agregaban a la Torah Escrita (El Penteteuco). En primera instancia, los comentarios y tradiciones pasaban oralmente, luego se compilaron en lo que conocemos como el Talmud, la Halajá (código de leyes judíos) y el Shulján Aruj (leyes sobre la Torá). Para los judíos ortodoxos, todos estos libros más la Torah Escrita (Pentateuco) es la misma palabra de Dios.
[12] Dichos rabínicos
[13] La RVR1960 dice: “a los antiguos” indicando probablemente que Moisés se lo dijo “a los antiguos israelitas”. Sin embargo, gramaticalmente puede también ser traducido como “por los antiguos” que según el contexto en el que Jesús habla, fueron los “los antiguos sabios rabinos” los que dieron la interpretación de la Ley Escrita. Mire como lo explica Jamieson Fausset Brown en su comentario. “o como en la versión inglesa, “por los antiguos”. Cuál de estas dos traducciones es la correcta, es un asunto que ha sido muy discutido; cualquiera de las dos es gramaticalmente defendible, aunque la primera “ a los antiguos” es más consecuente con el uso del Nuevo Testamento (Véase griego de Rom_9:12, Rom_9:26; Rev_6:11; Rev_9:4), y la mayoría de los críticos se inclinan a su favor. Pero no se trata de una cuestión puramente del griego. Casi todos los que favorecen la traducción “a los antiguos”, entienden que el que pronuncia esas palabras es Moisés en la ley; “los antiguos” serían las gentes a quienes Moisés dió la ley; y la intención del Señor aquí sería la de contrastar su propia enseñanza, más o menos, con la de Moisés; bien sea como opuesta a la misma, como algunos afirman, o por lo menos modificándola, ampliándola y elevándola. Pero ¿quién puede razonablemente imaginar tal cosa después de una enfática o solemne proclamación de la perpetuidad de la ley y del honor y de la gloria en que debía ser tenida bajo la nueva dispensación, como la que Jesús acaba de hacer? A nosotros nos parece muy claro que el objeto del Señor es el de contrastar las perversiones tradicionales de la ley con el verdadero sentido de la misma, como él la exponía. Unos pocos de los que están de acuerdo con este punto de vista, piensan, sin embargo, que la única traducción legítima de estas palabras debe ser “a los antiguos”; entendiendo que el Señor está informando sobre lo que había sido dicho a los antiguos, no por Moisés, sino por los que pervertían la ley. No objetamos este punto; pero nos inclinamos a pensar (con Beza, y luego con Fritzsche, Olshausen, Stier y Bloomfield) que “por los antiguos” debe ser lo que el Señor quiso decir aquí, refiriéndose a los maestros rabínicos más que a la gente perversa”.
[14] Comentario sobre Mt. 5:21 en la Biblia de Jerusalén 1975, pg. 1394
[15] Comentario sobre Mt. 5:21 por Matthew Henry
[16] Rabino Rifat Sonsino, Vivir como Judío, pg. 176