Principios bíblicos para un nuevo año lleno de frutos. Col.1:3-9

Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio”. Col.1:3-5

El mismo acontecimiento de cada año se repite como siempre a todas luces. Dos etapas de tiempo se contrastan notoriamente. Una va llegando a su fin, y la otra se levanta imponente. Mientras, el corazón de los hombres se llena de expectativas, sueños, metas y también de pensamientos con ideas de hacer mejor las cosas para el próximo año que se acerca. En medio del alboroto por las fiestas, cual yo considero el tiempo ideal para hacer un alto, vienen a nuestras mentes y oídos, tales pensamientos como: Revisar las metas cumplidas y proyectarse nuevas para el próximo año. Todo en pro de que las cosas nos vayan mucho mejor en este nuevo año que se avecina.

Pero esta vez, sería mucho mejor revisar nuestro propósito de vida en las Escrituras. ¿No lo cree así? Entonces, vamos a revisar los primeros versos de la preciosa epístola a los Colosenses. Y aprender algunos principios claros que nos
ayudarán a establecer metas bíblicas. Las cuales glorifiquen a Dios, no solo al inicio de un nuevo año sino cada vez más a lo largo de todas nuestras vidas.


GRACIAS, (Col.1:3).  Una palabra a menudo olvidada y poco practicada. Todos sabemos desde donde escribe Pablo. Y no era desde un lugar muy cómodo. Colosenses se encuentra dentro del grupo de cartas denominado “Las Epístolas de la prisión” precisamente porque Pablo las Escribe desde la cárcel. Después de una carrera brillante en el ministerio [y con brillante me refiero a piedras, palos, golpes y sufrimientos muchos], Pablo se encuentra prisionero. Si usted estuviera en dicha situación ¿Qué es lo primero que estaría diciendo? ¿Cuál sería su primer pedido de oración? Pablo nos demuestra el fervor de un genuino siervo de Dios. ¡Él esta agradecido! Es posible tener un corazón agradecido, aun cuando todo parezca ir mal, si es que miramos desde la óptica y las prioridades de Dios. Pablo decía: “Siempre orando por vosotros”. Con esta expresión nos enseña que su prioridad de oración y ministerio se encontraba en los demás antes que en él mismo. Esto solo es posible de hacer cuando el sentir de Cristo reina en el corazón (Filipenses 2:2-8). En su oración, siempre enfocada en los demás, expresa:

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo habiendo oído de vuestra fe en Cristo…” Cuando uno quita su mirada de si mismo, y la enfoca en la “obra de Cristo en los demás”, es casi imposible que su corazón y sus palabras no expresen gratitud.

Ser agradecido es tener una visión más allá de lo ordinario y la capacidad de ver con los ojos de Dios. Ahora quiero despertar tu atención a este punto, para un nuevo año conforme al corazón de Cristo. Recuerde que Pablo no agradecía por los años de ministerio, Él tampoco agradecía ni pedía por su liberación. Pablo no agradecía por los años de vida, ni por sus metas personales cumplidas. Pablo agradecía porque Dios estaba perfeccionando su obra en las vidas de los hermanos. El gozo por esta verdad era mayor a cualquier problema o circunstancia difícil que estuviera atravesando. Pablo nos demuestra que en medio de todo hay que tener un corazón agradecido pero enfocado en “la obra de Cristo en los demás” antes que en uno mismo.

En medio de esta oración de gratitud, podemos rescatar algunos principios para nuestra enseñanza, pero sobre todo para que nuestras principales metas para este nuevo año sean conforme a la voluntad expresada de Dios:

1. FE. Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús,
y del amor que tenéis a todos los santos
[1:4].

La fe es el elemento que nos sostendrá en el camino aun cuando todo parezca oscuro. Nuestra confianza debe estar depositada siempre en Cristo y nuestro amor vertido en aquellos hermanos redimidos por Cristo. Pablo agradecía por la fe de los Colosenses, ¿Cómo esta su fe? ¿Trabaja en el fortalecimiento de la fe de los
demás? Es tiempo de marcarse metas que le ayuden a fortalecer su fe en Dios y ayudar a crecer en la fe a los demás.

  • La fe es necesaria para permanecer sirviendo a los demás. (1Ts 1:3; Heb. 6:10)
  • La fe es necesaria para soportar las aflicciones. (2Ts. 1:4)
  • La fe es necesaria para obtener victoria sobre el enemigo. (1Ped. 5:8-9)
  • La fe es necesaria para vivir agradando a Dios. (Heb. 11:5-6)

2. ESPERANZA. A causa de la esperanza que os
está guardada
en los cielos…” [1:5]

La esperanza es el producto inmediato de una fe en fortaleza [Ro 5:1-5]. No dejemos de mirar al futuro frente a cualquier obstáculo o prueba que se nos presente. Nuestra constancia en la esperanza generará aun más gloria en nuestras
vidas para Dios (1Tes 1:2-9). La Esperanza nos invita a purificar nuestros corazones como Juan diría: “y Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a si mismo, así como él es puro” (1Jn.3:3). Entonces trace sus metas de acuerdo a las cosas que van a traerle mayor pureza a su vida. Planifique cada día, cada mes, cada año como si fuera el último. Nunca deje de esperar al Salvador.

3. FRUTO. “que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oíste y conocisteis la gracia de Dios en verdad” (1:6)

Un corazón que en verdad tiene a Cristo, no solo posee fe y esperanza, sino que dará buenos y abundantes frutos como producto de la gracia de Dios impartida en su vida. Procure examinar su vida y todo lo que ha sido este año y responda:
¿Ha crecido en frutos para el Señor? No hablo de “obras propias” sino de “frutos” producidos por Cristo. ¿Ha estado suficiente tiempo con Jesús, se ha deleitado mucho en su presencia?, ¿Se ha gozado en el camino de sus mandamientos?, ¿Ha
sido fiel a su causa?, ¿Ha fortalecido su comunión con él de tal manera que todo esto se hace evidente en cada paso que da?. Si no lo ha hecho, es tiempo de corregir este aspecto de su vida y comenzar a llevar frutos para gloria del Señor.
Recuerde que sin Jesús, nada podrá hacer. Es decir, nada que agrade y glorifique al Padre. Y recuerde también, que nada de este año y del nuevo que se avecina se trata de usted, sino solamente de Dios, antes que todas las cosas.

4. SABIDURÍA. “y de pedir que seáis llenos del conocimiento
de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” [1:9]

Este año ¿Usted ha crecido en el conocimiento y la gracia de Jesucristo? ¿Es ahora más sabio que antes?. No olvide que el deseo de Dios es que sus hijos crezcan conociéndole más. Que sean cada vez más sabios, para que puedan siempre aprobar lo mejor para su Honra (Fil. 1:10-11). Es tiempo de planificar y organizar de mejor manera el tiempo, para que este nuevo año pueda aprender mucho más de Cristo y de su palabra. ¿Se ha discipulado o ha dejado de hacerlo? ¿Esta proveyendo de sabiduría y conocimiento a otros? ¿Su culto a Dios es emocional o con entendimiento?. ¿Es fiel a su congregación? Procure tomar en cuenta estas preguntas a la hora de fijar sus metas.

Pablo concluye: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” [Col.1:10]. Este es el deseo de Dios para usted, en este nuevo año.


Nunca olvidemos estos principios tan claros:

  1. Sea siempre agradecido, lo que fue este año determinará el próximo.
    Dios le ha enseñado a través de todo lo que vivió para que ahora haga
    mejor las cosas para él. Así que, sea agradecido y levántese para Dios,
    trazando metas que le honren.
  2. Crezca en la fe, congregue en una iglesia, abunde en oración,
    tenga comunión con el pueblo santo de Dios. Soporte la aflicciones,
    predique el evangelio, haga discípulos. Ande como es digno del Señor!
  3. Todo lo que hace tiene que apuntar a la venida del Señor.
    No pierda nunca la esperanza en Cristo. Ya su vida está comprada,
    viva para aquel que la compró por precio infinito.
  4. Compruebe siempre lo que es agradable a Dios,llévele fruto en toda
    buena obra. Procure estrechar su comunión con Dios, tome las
    decisiones que sean necesarias para ello, no importa cuanto cuesten,
    a quienes deje o lo que impliquen. Usted ha sido llamado a llevar frutos
    para Dios. Cuando Cristo sea su primer amor, los frutos serán
    abundantes en usted.
  5. No deje de crecer en el conocimiento de Dios. Tome el ejemplo de
    Pablo que hasta el último día de su vida no dejó de aprender del Señor.
    Y sobre todo, enseñe a los demás! [2 Pedro 1:3-11]

¡¡Muchas Bendiciones en Cristo!! Que las metas y decisiones que usted se trace, para este nuevo año, sean para alabanza de su Gloria!

”RC. Columna y Baluarte”
JONATAN CÓRDOVA